El coste de la energía es uno de las principales preocupaciones para las empresas y con la llegada del verano se convierte en un nuevo desafío, que este año tiene una nueva traba: la subida del IVA.

En verano es necesario climatizar oficinas, refrigerar instalaciones industriales o mantener operativas cámaras frigoríficas y procesos productivos provoca, por lo que el consumo eléctrico aumenta considerablemente. Sin embargo, en 2026 este reto llega acompañado de un factor adicional: el encarecimiento de la factura eléctrica por la recuperación de varios impuestos energéticos.

Este mes de junio vuelve a aplicarse el IVA del 21% sobre la electricidad, tras el periodo de reducción fiscal aprobado durante la crisis energética. Además, también se recupera el Impuesto Especial sobre la Electricidad en sus niveles habituales. Aunque el precio mayorista de la electricidad ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos meses, la factura final volverá a aumentar como consecuencia de estos cambios fiscales.

Un incremento que afecta especialmente a las empresas

Mientras que para un hogar el impacto puede traducirse en unos pocos euros adicionales al mes, en el ámbito empresarial la situación es muy diferente. Las industrias, centros logísticos, empresas agroalimentarias, hoteles o superficies comerciales manejan consumos mucho más elevados y, por tanto, cualquier incremento porcentual tiene una repercusión directa sobre sus costes.

En una empresa con un consumo medio de 50.000 kWh mensuales, un aumento de la factura cercano al 15% puede representar más de 1.000 euros adicionales al mes. En industrias con consumos superiores a los 100.000 o 200.000 kWh mensuales, el impacto económico puede multiplicarse considerablemente.

Y todo ello llega precisamente cuando las necesidades energéticas aumentan por efecto de las altas temperaturas. El resultado supone una mala combinación: mayor consumo eléctrico y una factura más elevada debido al incremento de la carga fiscal.

Por eso, cada vez más empresas están replanteándose su estrategia energética para reducir su exposición a factores que no pueden controlar, como los impuestos o la volatilidad del mercado. La energía es un valor estratégico que marca tu competitividad, y muchas empresas están trabajando en ello.

La energía propia como herramienta de competitividad

Frente a este escenario, el autoconsumo fotovoltaico se ha convertido en una de las soluciones más eficaces para reducir costes energéticos. Las instalaciones solares permiten generar energía precisamente durante las horas de mayor radiación, que suelen coincidir con los momentos en los que la demanda de climatización es más elevada. Esto permite reducir la compra de electricidad a la red y, por tanto, disminuir el impacto de los impuestos asociados a ese consumo.

Pero el verdadero salto en eficiencia llega con el almacenamiento energético.

Las baterías industriales LFP, como las que instala Cubierta Solar, permiten almacenar los excedentes solares generados durante las horas centrales del día y utilizarlos posteriormente, cuando el consumo sigue siendo elevado pero la producción solar disminuye. De este modo, las empresas pueden aumentar significativamente su porcentaje de autoconsumo, reducir los picos de demanda y mejorar la previsibilidad de sus costes energéticos.

Prepararse para el verano… y para el futuro

La recuperación de los impuestos eléctricos es una realidad sobre la que las empresas no tienen capacidad de decisión. Sin embargo, sí pueden actuar sobre la cantidad de energía que compran a la red.

En Cubierta Solar ayudamos a empresas e industrias a reducir esa dependencia mediante soluciones de autoconsumo fotovoltaico y almacenamiento energético adaptadas a cada perfil de consumo. Porque la mejor manera de protegerse frente a las subidas de la factura eléctrica no es esperar a que cambie el mercado, sino generar y gestionar tu propia energía de forma inteligente.

Hoy más que nunca, la competitividad también depende de la estrategia energética.